"Ir mas allá del desborde para encontrar la simplicidad
Ir al interior de la discordia, para encontrar la armonía
En el medio de las dificultades hallar la oportunidad."
Albert Einstein
De ahora en adelante, Leonardo da Vinci será nuestro modelo de aprendizaje para toda la vida.
Leonardo nunca dejó de interesarse, y de estar fascinado por el mundo a su alrededor, y nunca le preocupó lo que pensara cualquier otra persona respecto a lo que él debería hacer: se dejó guiar enteramente por su curiosidad.
La curiosidad es el fundamento de nuestro genio, debemos enorgullecernos de nuestra curiosidad en acción.
Pasión por descubrir
Da Vinci tenía una pasión por el aprendizaje que lo acompañó toda su vida. Aquí hay un pasaje de su diario:Estuve vagabundeando por el campo buscando respuestas para las cosas que no entiendo. ¿Por qué existen conchas en la cima de las montañas junto con las huellas de coral y plantas y vegetación marina que generalmente se encuentra en el mar? ¿Por qué dura el trueno más tiempo que lo que lo causa, y por qué inmediatamente después de su creación, el rayo se vuelve visible al ojo mientras el trueno requiere tiempo para viajar? ¿Cómo se forman varios círculos de agua alrededor del punto en que se arrojó una piedra, y por qué se sostiene el pájaro en el aire? Estas cuestiones y otros extraños fenómenos ocupan todo mi pensamiento a través de la vida.
El asombro infantil de Leonardo y su insaciable curiosidad, la amplitud y profundidad de su interés y su intención de cuestionar lo que se da por sentado, nunca disminuyeron a lo largo de su vida. Su genio fue alimentado por su insaciable curiosidad.
“A diferencia de Dante, Leonardo no sentía pasión por una mujer.
A diferencia de Giotto, o Brunelleschi, no parece haber tenido lealtades ciudadanas.
No tenía devoción a la Iglesia ni a Cristo.
Aceptó con gusto los encargos de los Medici, Sforza, Borgia, de los Reyes de Francia, de los Papas y de los enemigos de los Papas.
No tenía la sensualidad mundana de Bocaccio ni de Chaucer.
No era temerario como Rabelais, ni piadoso como Dante, ni tenía la pasión religiosa de Miguel Angel.” Daniel Boorstin
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